jueves, 29 de noviembre de 2012

El "glamour" de las inaguraciones

Angela Merkel, retrato, IS PAIN, le frère
 Detalle de retrado de A. Mekel, bolígrafo sobre papel higiénico, del proyecto IS PAIN



En la oscuridad, atrincherado entre la ropa de cama, escucho un desagradable sonido que se cuela entre el nórdico y la almohada y me resucita del sueño: es el reloj despertador que, a la hora programada se ha activado conectando una emisora de radio musical  y que escupe sin misericordia,  los berridos con sabor a mantequilla rancia de Estopa. Ha llegado un nuevo día.  

A mi lado, un cuerpo calentito se me acurruca y  me anima a levantarme susurrándome,  “vamos campeón, es el día de tu expo!”
¡Coño, la expo!

Sí, la expo. Comúnmente, la gente tiende a pensar en las exposiciones como eventos llenos de glamour, donde una serie de personas hablan con una copa de vino en la mano, y un canapé en la otra, sobre lo divino y lo humano y la deriva cultural de lo expuesto. Todos guapos y todos ideales.

Pero ¿habéis organizado alguna vez una exposición de arte? ¡me cago en el glamour!
Para mí es lo más estresante y lo que implica mayor trabajo, concentración y oficio:  trae, lleva, coloca, en una refriega constante y una lucha contra el tiempo y contra el desorden -“vaya, ¿dónde he dejado m kleenex usado?”-  , sube, baja, vuelve a llevar,  ¡joder, me he cortado!, mide, pega, “disculpa, eso no es un cuadro, es mi kleenes usado”  y así durante varios días.

Y cuando por fin está todo, llega la inauguración. Y esto es lo que peor manejo.  De hecho no me siento nada cómodo en ellas.
Animal tímido de nacimiento, pensé que en vez de utilizar mi poco comercial nombre (Froilán) escudarme  tras el seudónimo de  “le frère” me ayudaría a pasar más desapercibido.

Absurdo intento. La irrupción de mis siempre queridos amiguetes en las exposiciones y sus elegantes gritos de apoyo “ese Booorjaaaaa, artistaaaaa, quéee pasaaa maricónnn!!”  o de mis entrañables familiares “éste es mi hijo, el artistaaaa, mira que cosicas hace!!!” hacen más que vanas mis intenciones de pasar desapercibido .

Convertirme en el centro de atención lo llevo mal, lo admito. Se me congela la sonrisa en la cara pongo cara de idiota y se me tensa el tracto final de mi aparato digestivo. En definitiva, me estresa.
¿Y hoy? Pues como es habitual tocará disimular. Con varios cortes en los dedos (maldito cúter del demonio!) y sosteniendo la cerveza como el que más,  si alguien se acerca a saludarme con un entrañable “¿perdona, eres Braulio, el artista?” estaré encantado de atenderle.

¿Y el glamour?, bien, en casa, como siempre.

Un saludo  y feliz día 

c/ Barco 4, Madrid